“El director”, de David Jiménez

La reciente lectura de “El Director. Secretos e intrigas de la prensa narrados por el exdirector de El Mundo”, (Madrid, Libros del K.O. 2019), me ha recordado hasta dónde somos frágiles, hasta qué punto nos manipulan para conducirnos a donde quieren mientras nos hacen creer que somos libres. Me ha recordado, también, la figura de William Randolph Hearst, el verdadero creador del llamado “amarillismo”, forma de hacer periodismo alejado de cualquier atisbo de ética. Hearts, el “Ciudadano Kane” de Orson Wells, necesitaba una guerra con un país agonizante para de ese modo afianzar su imperio económico. Tenía el país: España; y la excusa perfecta para quienes creen en el llamado destino manifiesto de la nación americana: Cuba y la lucha por su independencia. Hearts alentó a la opinión pública de su país hasta lograr que estallara la humillante guerra hispano-yanky. No es preciso mencionar sus resultados, son de sobra conocidos. O quizá sería mejor decir que deberían ser de sobra conocidos. Recientemente, especie de regalo navideño como quien dice, nombraron presidente no ejecutivo del Grupo Prisa a  Javier Monzón, quien meses antes había sido propuesto para el mismo cargo en Openbank, filial on line del banco Santander. Ya me dirán con cuánta dosis de independencia informará sobre el banco y su dueña, Ana Patricia Botin. Recordemos el antiguo refrán castellano tan simple como certero que dice ansina: quien a dos amos sirve, con uno queda mal. Aquí el drama reside en cómo nos afectará la información, la falta de ella o la abyecta ocultación de la verdad; y, si pasamos al mundo de la ficción (la realidad supera a la ficción, ya lo saben), mencionemos al más sucio, divertido y canalla: Walter Burns, ácido director en “Primera plana”, la extraordinaria película de Billy Wilder.

            Frente a ellos, frente a esa prensa a la que nada importa la ética, se han levantado unos cuantos periodistas como Bob Woodward y Carl Bernstein capaces de tumbar nada menos que a Richard Nixon, presidente de USA por el caso Watergate; desde entonces ha llovido mucho, los ríos arrastraron demasiado fango, se convirtieron en aguas pantanosas donde sobreviven los más fuertes, aquellos que no tienen inconveniente en tarparse la nariz y mirar para otro lado a cambio de sobresueldos, hipotecas casi sin interés y, según estatus en la estructura del periódico (hoy se dice los medios), incluso coches de alta gama o una bestialidad de millones contantes y sonantes a cambio de callar, mentir o peor aún: emplear medias verdades.

            No entraré a valorar la escritura del texto, su autor es periodista curtido, posee un claro dominio de la gramática, cosa que en los tiempos actuales es muy de agradecer. Comprendo que el empleo de motes para señalar a los aludidos resulta pueril, conocemos los nombres, no era preciso recurrir a lo que, a mi juicio, es una miseria moral; quizá, por afinar, haya encontrado algún lunar a lo largo de sus páginas, nada importante, desprestigiar su relato por confundir un par de nombres propios es un grosero intento de alejar a los posibles lectores.

            Estamos ante un libro valiente a despecho de tratarse de un ajuste de cuentas entre un exdirector de periódico y la mayor parte de la plantilla. Hablamos de un libro cuyo autor se expone al ostracismo; quedará excluido de las principales tertulias, como mucho le harán hueco en alguno de esos espacios presentados y dirigidos por el fantoche (o la fantoche) de guardia. Sus antiguos compañeros, dolidos y ofendidos, no recordarán haberlo conocido y, si la memoria no les falla, lo pondrán como no digan dueñas. Es fiel reflejo de las miserias que atenazan al anteriormente considerado cuarto poder.

            En este libro David Jiménez cuenta una sucesión de imbecilidades, mentiras y peleas por el poder, en los cuales la prensa (los medios) alteran gravemente la verdad en una labor embrutecedora encaminada a ocultar, omitir, dañar si es necesario. De este modo han logrado construir una sociedad habituada a vivir engañada, una sociedad indiferente ante los constantes atropellos contra quienes se atreven a no seguir el juego marcado por los amos del cotarro. Dos ejemplos ilustran esto que digo: sostiene el autor que al periodista Andrés Ortega lo largaron de Antena3 por presiones del entonces presidente Aznar, molesto por las crónicas sobre la guerra de Irak. Ninguno de sus compañeros dijo nada cuando fue despedido por cumplir con su deber, precisamente. Calladitos, no sea que piensen que, o digan que y perdamos la sinecura; sin embargo cuando lo mataron en Haití aquel silencio clamoroso se convirtió en coro de plañideras. Refiere David Jiménez que a Pedro J. Ramírez, fundador del diario, lo fulminaron las presiones de M. Rajoy (¿les suena?), molestísimo con los llamados Papeles de Bárcenas. Incluso el mismo presidente Rajoy, en carne mortal, se puso en contacto con él para convencerlo de mitigar la dureza del diario; cuenta… Pero es mejor que lo lean, se convenzan, disfruten o quizá lloren al conocer lo que muchos de ustedes intuyen. Y como anécdota chusca el sucedido con la página del inefable Antonio Gala. De verdad: de traca.

            De las cosas que conozco, de lo mucho que la edad me ha permitido saber, podría hablar largo y tendido; Wittgenstein afirmó lo siguiente: “Todo aquello que puede decirse, puede decirse con claridad; y de lo que no se puede hablar, mejor es callarse”. Comprenderán que tenga presente el postulado del pensador austriaco, no es cosa de poner en aprietos la página que me acoge ni a su rebelde y valiente propietaria. Dicho esto sólo me queda recomendar la lectura de este libro, imprescindible para hacernos una vaga idea de por dónde van los tiros y, fundamentalmente para demostrarnos a nosotros mismos que aún guardamos un lugar, aunque sea mínimo y oculto, reacio a dejarse engañar.


Manuel Fonseca

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s